29 Ott

Dal mese corrente, gli articoli via via pubblicati sul blog verranno resi disponibili periodicamente sul sito internet della rivista in formato Word. Sono già disponibili gli interventi pubblicati tra il mese di aprile e quello di giugno del 2015. Il link diretto alla pagina è:

http://www.contraddizione.it/Contraddizioneonline.htm

19 Apr
nella sezione “NO! x Blog” sono contenute notizie e commenti su tematiche correnti, ordinate – a partire dal 2015 – secondo lo stile proprio della rubrica del NO! del volume cartaceo; in “avvisi” verranno inserite indicazioni relative ad imminenti iniziative; la sezione “articoli” contiene note e articoli connessi alle tematiche via via trattate già pubblicati sulla rivista oppure altrove;  All’interno di “indici della rivista” è presente il collegamento all’archivio completo degli articoli della rivista dal 1987 ad oggi.

Addio a Fidel

28 Nov

di Manuel Vasquez Montalban

Un pueblo puede liberarse a sí mismo
pese a su jaulas de animales electrodomésticos
en la vanguardia de América
debemos hacer sacrificios
por el camino lento de la plena libertad.

Y si el revolucionario
no tiene otro descanso que su muerte
que renuncie al descanso y sobreviva
que nada o nadie lo detenga
siquiera por un istante de beso
o por algún calor de piel o prebenda.

Los hechos de la conciencia interesan tanto
como la perfección de un resultado
luchamos contra la miseria
pero al mismo tiempo contra la enajenación.

Dejedme decirlo
el revolucionario verdadero
está guiado por grandes
sentimientos de amor,
tiene hijos que no aprenden a llamarlo,
mujeres que hacen parte de su sacrificio,
sus amigos son sus compañeros de la revolución.

Adiós viejos ésta es la definitiva
no lo busco pero está dentro del cálculo.
Adiós Fidel, ésta es la definitiva
bajo los cielos de la gran patria del Bolívar
la luna de Higueras es la luna de Playa Girón.
Soy un revolucionario cubano
Soy un revolucionario de América

Señor coronel, soy Ernesto, el Che Guevara
dispare, seré tan útil muerto como vivo.

La muerte de Fidel Castro y la encrucijada cubana

28 Nov

di Osvaldo Coggiola

Cuando fue juzgado después del asalto al cuartel Moncada en 1953, Fidel Castro transformó el estrado judicial en una tribuna política para producir su famoso alegato: “La historia me absolverá”, todo un programa político que tenía su eje en la convocatoria a elecciones libres y en la vigencia de la Constitución de 1940, que abrió el periodo de los gobiernos llamados “legítimos” (Ramón Grau San Martín y Carlos Prío Socarrás) hasta el golpe de Fulgencio Batista en marzo de 1952.

Consumada la revolución el 1° de enero de 1959, la jefatura guerrillera en el poder intentó ejecutar aquel programa: estableció un acuerdo con partidos burgueses opositores a la dictadura de Batista y nombró presidente a Manuel Urrutia, representante de aquella coalición. El 8 de enero una maniobra política quiso imponer en el gobierno a una junta militar, pero Castro y su Movimiento 26 de julio convocaron a la huelga general para derrotarla.

Más tarde, cuando Urrutia expulsó a Fidel del mando militar, una movilización obrera y campesina lo repuso en el cargo y el presidente debió renunciar. Se quebró la coalición con la burguesía y se decretó la expropiación de los emporios azucareros, muchos en manos de pulpos norteamericanos. Esto es: cuando los objetivos democrático burgueses que perseguía el movimiento revolucionario se demostraron de cumplimiento imposible si no se les quitaba a la burguesía y a los latifundistas su poder económico y político, la dirección cubana tuvo el mérito histórico de avanzar audazmente por ese camino, el de barrer a todo el antiguo poder estatal. En enero de 1961, después de que Castro personalmente comandara las milicias que rechazaron la invasión de exiliados (financiados, entrenados y armados por la CIA) en Bahía de los Cochinos, el gobierno cubano proclamó públicamente el carácter socialista de la revolución.

Así, los aliados democráticos del M26 se van del gobierno o son expulsados, terminan en el exilio. La revolución entra en crisis con sus postulados originales y, mientras echa del gobierno a los partidos burgueses y expropia a los latifundistas, prohíbe elecciones libres en los sindicatos e impide cualquier desarrollo independiente de las organizaciones obreras y del proletariado mismo. El poder exclusivo del M26 deriva en el poder personal de Castro y se instaura así un bonapartismo sui generis. Poco después, los reveses económicos (el fracaso de campañas agrícolas y sobre todo la derrota de las tendencias industrializadoras, impulsadas por el Che Guevara y el ala izquierda del M26) empujarían a Castro a refugiarse en la burocracia contrarrevolucionaria del Kremlin; es más: el Partido Comunista, que se había opuesto a la revolución porque se contradecía con el equilibrio político acordado por Moscú con las potencias imperialistas, pasó a formar parte decisiva del gobierno y el Movimiento 26 de Julio tomó el nombre del partido estalinista.

Desde entonces, y particularmente a partir del fracaso de la experiencia foquista de Guevara, Castro se empeñaría en evitar que otros siguieran el camino cubano. Respaldó la “vía pacífica” al socialismo propugnada por Salvador Allende en Chile (1970-1973) y luego, producida la revolución nicaragüense en 1979, señaló con énfasis que Nicaragua no tenía por qué hacer como él mismo había hecho en Cuba, de modo que el sandinismo no expropió a burgueses ni a terratenientes y reconstituyó el ejército regular destruido por la revolución. En sus últimos años de gobierno efectivo, Castro respaldó a gobiernos nacionalistas como los de Hugo Chávez y Evo Morales, e incluso al de los Kirchner.

Fidel Castro acompañó los acuerdos del gobierno cubano con Barack Obama, si bien en algún momento dejó caer alguna observación crítica (“no necesitamos que el imperio nos regale nada”), acuerdos que ahora entran en nueva crisis por la victoria de Donald Trump. Debe subrayarse, en ese punto, que Obama no levantó el bloqueo; apenas lo moderó, y con cuentagotas.

Este proceso se desenvuelve, además, cuando la bancarrota capitalista empeora en extremo las condiciones económicas de Cuba. Una reconversión capitalista en la isla revolucionaria produciría una situación explosiva por el grado de miseria que acarrearía. Por otra parte, la economía cubana está deteriorada gravemente en sus centros neurálgicos: la producción azucarera, por citar un caso, se ha derrumbado de 8 millones de toneladas en la década de 1990 a poco más de un millón en la actualidad. La entrega de tierras en propiedad a campesinos y cooperativas encuentra también obstáculos severos en el atraso agrario del país.

la autoridad de Fidel, perdida en la práctica desde que su salud lo obligó a retirarse del gobierno, se pierde ahora hasta en su sentido simbólico. La crisis del Estado cubano deberá necesariamente apurar la transición política, que finalmente se decidirá en el terreno de la lucha de clases nacional e internacional.

En definitiva, el de Cuba es un proceso abierto. Junto a las tendencias restauradoras se desenvuelve otra, opuesta al régimen burocrático y favorable a la democracia obrera, a la defensa de las conquistas de la revolución, a la libertad de organización con ese fin. Las masas cubanas son conscientes de que se aproxima el momento del desenlace: Fidel ha muerto y Raúl está también ante el límite intraspasable de la naturaleza. La crisis mundial pone a los trabajadores cubanos ante ajustes similares a los que sufren sus compañeros de todo el mundo. La revolución latinoamericana bien puede recomenzar por la gloriosa Cuba.

Es un momento de tristeza, frente al dolor de un pueblo ante la pérdida de su grande líder, y más aún cuando se trata del jefe de una revolución que cambió la historia latinoamericana. Con la muerte de Fidel Castro, a los 90 años de edad, desaparece uno de los revolucionarios más importantes del siglo XX. Castro personificó, en su larga vida, el derrotero de la revolución cubana, desde su etapa democrática inicial hasta la confrontación con el imperialismo y la burguesía cubana, para derivar, en el transcurso de su primera década, en una adaptación al estalinismo que marcaría su derrotero futuro. La larga estadía de Castro en el poder (1959-2008), marca claramente su rol bonapartista en este proceso, arbitrando entre las masas cubanas, armadas en milicias pero desprovistas de la posibilidad de organizarse en un marco clasista, por un lado, y el imperialismo y el aparato estalinista, por el otro.

Esa caracterización revela tanto los alcances como las limitaciones del proceso revolucionario que Castro arbitró durante medio siglo: una revolución en la que, a pesar de haberse expropiado el capital, la clase obrera no apareció como el sujeto revolucionario, organizado como tal y separado programáticamente de las otras clases, sino subordinada políticamente a una dirección de origen pequeñoburgués. El surgimiento de una burocracia privilegiada y la adaptación al estalinismo mundial (la Unión Soviética) y local (el Partido Socialista Popular, ex-Partido Comunista de Cuba, que había participado en un gobierno de coalición con Batista), condujo al nuevo estado revolucionario a suprimir a los trotskistas cubanos en 1965 y al alejamiento del Che de la dirección revolucionaria, lo cual conduciría a su muerte en Bolivia en 1967. Su trágica muerte es testimonio no sólo de las divergencias que la presión del estalinismo generó en el seno de la cúpula revolucionaria cubana entre el ala izquierda liderada por el Che y el ala centrista dirigida por Castro, sino del fracaso de la estrategia foquista del Che, quien, en un retorno a las teorías de los populistas rusos, postulaba que el sujeto revolucionario no eran los trabajadores asalariados sino los pequeños propietarios campesinos de los países coloniales y semicoloniales.

En más de medio siglo de revolución cubana, sus enemigos tuvieron todo el tiempo del mundo para imaginar su fin. Muchos pensaron que ocurriría cuando Einsenhower, presidente de Estados Unidos (1954-62), le impuso un embargo petrolero, en 1960, que redujo el aprovisionamiento de Cuba a menos de 72 horas de consumo. Menos fueron los que albergaron ilusiones en la invasión de Playa Girón, abril de 1961, o durante la crisis de los misiles, en octubre de 1962. Algunos vieron una oportunidad en la crisis que desató una camarilla vinculada a la burocracia rusa, encabezada por un stalinista llamado Escalante, que hubiera podido quebrar al régimen desde adentro. Luego vino el asesinato del Che en Bolivia. En 1970 fue el descomunal fracaso de la zafra de los diez millones de toneladas de azúcar, que consumió las energías productivas de la nación. Mucho más grave aún que todos los casos precedentes, la ‘perestroika’, primero, y la restauración capitalista en la URSS, después, dejaron al desnudo la enorme vulnerabilidad de una economía que se había injertado artificialmente en un ‘bloque socialista’ industrialmente atrasado en muchos aspectos. Cuba se encuentra aún en emergencia, como consecuencia de la ruptura de esas relaciones económicas. Entretanto, el régimen flirteó un intento de salida con la dolarización de la economía y con la ilusión de una integración económica creciente con lo que hoy es la Unión Europea.

Aquellas amenazas y esos reveses dejaron una marca profunda en la sociedad cubana, y mostraron con holgura los límites de un ‘socialismo’ autárquico y de un régimen político de partido único y de poder personal. Pero fracasaron en forma rotunda en la pretensión de producir una reversión histórica y devolver a Cuba al corral del imperialismo. Es incuestionable que por su papel histórico y por la función que desempeñó en la estructura del Estado y en la conciencia social, el papel de Fidel Castro fue único. Pero esto no quiere decir que se confundiese con la sociedad misma; la expresó a través de un prisma particular e incluso cambiante.

No fue lo mismo la ola revolucionaria del primer año de la revolución; el enorme ascenso de la lucha contra la invasión de 1961 o la resistencia al acuerdo URSS-EEUU, cuando la crisis de los misiles, que el reflujo político actual. Incluso hay un cambio con relación a la década del ‘90, de ascenso internacional del ‘neo-liberalismo’ y disolución de la Unión Soviética, con el contexto presente de insurrecciones y levantamientos en América Latina, y de un empantanamiento militar del imperialismo yanqui en Asia. Los que ponen un signo igual entre la muerte de Fidel Castro y la desintegración de la Cuba independiente se van a llevar otro chasco.

Los problemas de Cuba son sociales y políticos, no de ‘sucesión’. En los meses pasados, Fidel Castro volvió a emprenderla contra la corrupción y por un mayor control del partido comunista. La economía del Estado se diluye hacia una acumulación privada clandestina que opera desde el propio aparato estatal. Sin una revolución política, que quiebre el gobierno vitalicio (de una burocracia), es imposible canalizar positivamente la riqueza nacional.

Desde Washington y Miami se impulsa una guerra civil en Cuba con vistas a la privatización de la economía y el restablecimiento de la explotación capitalista directa. Todo lo relativo al ‘pluralismo’ y a las ‘elecciones’ no son más que eufemismos para imponer el colonialismo; basta ver lo que ocurre en Irak, que sin embargo no podría exhibir la transformación social que ha conocido Cuba como consecuencia de la revolución. El régimen político de Estados Unidos neutralizó todas las ‘aperturas’ realizadas con dirección a Cuba por parte de sus monopolios económicos más encumbrados. El intento de establecer una China del Caribe no logró mayoría en el ‘establishment’ norteamericano, porque hubiera afectado la supervivencia de un amplio sector de la economía norteamericana, como ocurre hoy con las exportaciones chinas en diversos rubros. En estas condiciones, el imperialismo sólo tiene en su agenda la destrucción de la economía estatal cubana y el retorno a su condición de refugio turístico. El retroceso que está experimentando Puerto Rico, en la actualidad, es significativo de la incapacidad del imperialismo de ofrecer una re-industrialización capitalista a su propio patrio trasero.

En los EEUU, el ultra-reaccionario presidente electo Donald Trump celebró en Twitter la muerte del líder cubano (“¡Fidel Castro ha muerto!”) y lo calificó en una declaración como “un dictador brutal que oprimió a su propio pueblo durante casi seis décadas”. El magnate racista se había reunido en los últimos días de campaña con veteranos de la invasión de Playa Girón. Las declaraciones de Trump fueron interpretadas como un “giro radical” en las relaciones con Cuba con respecto a la administración de Obama. En primer lugar, se sobrestima el alcance del reacercamiento cubano-norteamericano acaecido a fines de 2014. Desde aquel momento, apenas se ha producido una flexibilización en el envío de remesas y el restablecimiento parcial de los vuelos comerciales directos que ha beneficiado a compañías como American Airlines, la operatoria de los hoteles Starwood y el servicio de reserva de viviendas Airbnb, y la liberación de exportaciones de ron y tabaco al país norteamericano.

“El comercio con Estados Unidos sigue siendo ínfimo a pesar de algunos pocos acuerdos”, resume la agencia anticastrista Martí. Otros acuerdos, como la radicación de una fábrica para la producción de tractores en la zona de Mariel, se han frustrado. Obama, por otra parte, no avanzó en el levantamiento del bloqueo, usando como coartada el hecho de que es un asunto que debe decidir el Congreso, que tiene mayoría republicana.

En segundo lugar, no puede asegurarse que Trump quiera dar un marcha atrás en las negociaciones. Su posición en la campaña electoral combinó un apoyo inicial al restablecimiento de relaciones con  algunas diatribas posteriores contra el gobierno cubano, que buscaron seducir a la comunidad anticastrista de Florida. Como empresario inmobiliario, Trump buscó burlar el embargo en los años ’90 para desarrollar negocios hoteleros en la isla.

Los intereses empresarios que empujan por un desarrollo de las negociaciones son importantes y -además- echar por la borda los acuerdos implicaría ceder terreno a potencias rivales y otros países que se vienen afincando en el país. Empresas mexicanas y constructoras brasileñas se han instalado en la zona franca de Mariel. Canadá tiene presencia en varios sectores. Italia participó de la última feria de inversiones con más de cien empresas. Las potencias europeas tienen un fuerte desarrollo en la hotelería.

En la reciente feria internacional de inversiones La Habana, la presidenta del comité Estados Unidos-Cuba dentro de la Cámara de Comercio estadounidense, Jodi Hanson, enfatizó que “seguimos defendiendo que el proceso es irreversible sea presidente Clinton o Trump”. Trump no cuestiona a Obama el restablecimiento de relaciones con Cuba pero exige mayor dureza aún en los vínculos bilaterales. Ha integrado a su equipo a Mauricio Clever-Carone, miembro de una fundación que reclama una “transición incondicional de Cuba a la democracia y al libre mercado”.

Durante un evento de campaña en Miami, Trump dijo: “Todas las concesiones que Barack Obama ha otorgado al régimen de Castro fueron por orden ejecutiva, lo que significa que el próximo presidente puede revertirlas, y es lo que haré a menos que el régimen de Castro satisfaga nuestras demandas”. La libertad política que reclaman es el taparrabos de un operativo de recolonización sin atenuantes que incluya la más amplia libertad en la explotación de los trabajadores. El bloqueo económico constituye una potente herramienta extorsiva en las negociaciones, ya desde el gobierno de Obama, para lograr un rendimiento total de Cuba a los condicionamientos del capital imperialista.

La burocracia que domina el Estado cubano, con intereses propios diferenciados de la masa de la población, refuerza la opresión popular y contribuye al desarrollo de las tendencias capitalistas. El problema que tendrá Trump para llevar adelante una política más agresiva hacia Cuba es que el corazón de la crisis capitalista se encuentra en los propios Estados Unidos y que cualquier ofensiva deberá vencer la resistencia de las masas cubanas. Está planteado el levantamiento incondicional del bloqueo a Cuba y la plena libertad de organización sindical y política para su clase obrera.

Fidel Castro fallece cuando se cumplen exactamente sesenta años de la salida del Granma, desde México, de una fuerza revolucionaria que debía llegar a Cuba para derrocar al dictador Batista, en combinación con una huelga cívica prevista en el Oriente de la Isla. Sería el comienzo accidentado de la Revolución Cubana.

Fidel deja una herencia política contradictoria. De un lado, porque Cuba se encuentra empeñada en repetir la experiencia de restauración capitalista de China, en un lugar más inadecuado y en peores condiciones económicas internacionales. El ascenso de Trump prueba el carácter explosivo de esta tentativa, cuando no su completa inviabilidad. El bloqueo económico sigue en pie como un arma de presión para liquidar los obstáculos que aún existen en Cuba a la colonización del capital financiero. La limitada asociación del Estado con el capital extranjero ha llegado al tope de sus posibilidades. Irónicamente, es precisamente China el espejo en el que se mira el gobierno de Cuba, el blanco preferido de la guerra económica que ha anunciado el magnate norteamericano.

En la conciencia popular, sin embargo, el legado que deja Fidel es una revolución social sin precedentes en América Latina, con la peculiaridad de que el papel dirigente de la clase obrera es sustituido por la clase media radicalizada. La Revolución Cubana no es el producto de una construcción histórica de la clase obrera internacional; incluso entra en colisión con todas las estructuras burocráticas esclerotizadas del movimiento obrero internacional, y en particular con los partidos estalinistas. Se desarrolla, en estas condiciones, un proceso histórico transicional peculiar: un régimen político que expropia a la burguesía, en un movimiento de independencia nacional, sin el horizonte histórico del gobierno de la clase obrera, ni de la revolución proletaria mundial. La historia del siglo XX ha sido muy fecunda en producir transiciones de características especiales. Esto no significa que, en ausencia de nuevos procesos revolucionarios, no queden condicionadas por la economía y la política mundiales.

El punto más elevado de la Revolución Cubana y del propio Fidel es la derrota que inflige, en abril de 1961, a la invasión mercenaria organizada por EEUU en Playa Girón – en la que fueron movilizados un millón de cubanos en armas. En octubre de 1962 comienza una curva descendente, luego del pacto Kennedy-Kruschev, que es denunciado vigorosamente por Fidel. Es a partir de este momento que el imperialismo decide combatir a la Revolución Cubana sembrando a América Latina de dictaduras semi-bonapartistas, primero, y directamente criminales, poco después. En Cuba, Fidel se sirve del manto revolucionario para establecer un régimen de arbitraje político personal. A diferencia de lo que ocurría con las revoluciones pasadas, cuando cada etapa política daba lugar a un liderazgo diferente, Fidel va a ser el protagonista irremplazable de las mutaciones de la Revolución Cubana.

El impacto mundial de la Revolución Cubana y el protagonismo internacional de Fidel no deben confundirse, como se ha hecho, con una orientación estratégica internacionalista. El apoyo al foquismo constituyó una operación de aparato, que concluyó en derrotas crueles. Más adelante adoptó el camino contrario: una diplomacia de apoyo al entendimiento con la burguesía nacional. Es lo que ocurrió con la UP en Chile y con la revolución sandinista en Nicaragua y los ‘procesos de paz’ en Centroamérica. Se abrió un como marco para una negociación estratégica, a la que se integraron el Vaticano y los Estados Unidos, y luego el apoyo de los gobiernos del “socialismo del siglo XXI”. La muerte de Fidel no es la expresión ‘simbólica’ del final del ciclo revolucionario latinoamericano, como pontifican los enemigos de la Revolución Cubana. Las premisas que le dieron lugar, hace 60 años, están más presentes que nunca en todo el mundo.

La desaparición de Fidel Castro puede acentuar las tendencias centrífugas en Cuba que él denunció. Una agudización de los problemas económicos cubanos hará emerger claramente una lucha social. En oposición a cualquier forma, ‘democrática’ o no, de restauración capitalista abierta, y frente al callejón sin salida del inmovilismo, hay que abrir el debate de una estrategia socialista internacional para la revolución cubana siempre viviente. ¡Viva Cuba Socialista!

 

Osvaldo Coggiola es hijo de Dora Pastora Garcia, cubana desde el primero hasta el último de sus 90 años de vida

LA MORTE E I SUOI PESI

14 Nov

di Gianfranco Pala

Non tutte le morti hanno uguale valore.
Tutti gli uomini muoiono,
ma la morte di alcuni ha più peso di una montagna,
e la morte di altri è più leggera di una piuma.
[Sima Qian (Szuma Chien), Rapporti sulla grande storia (circa 145 a.c.)]

dylan

* Nel xxi sec., molto tempo dopo Chien, in tempi storicamente mutati, ma formalmente non poi troppo, Mao Tse-tung ci ha messo del suo: “la morte di chi si sacrifica per gli interessi del popolo ha più peso di una montagna, ma la morte di chi serve i fascisti, di chi serve gli sfruttatori e gli oppressori, è più leggera di una piuma”. Il compagno che è morto per gli interessi del popolo ha più peso di una montagna. Quindi il solito Verdi musicò d’accordo con il suo librettista preferito, il decadente nazionalista par suo Francesco Maria Piave, anche Il Rigoletto, laddove il bieco maschilismo imperante trionfava pure nella società liberal-borghe­se pseudo … <rivoluzionaria> degli <anti-austriacanti>; sicché ne venne fuori, nella scena finale la brillante constatazione, con falsa e tracotante ironia, che “la donna è mobile qual piuma al vento, muta d’accento e di pensiero”, cioè non <muta> dato che era messa a tacere e a non poter pensare, ma che era così volubile e mutevole da cambiare di continuo idee e parole [… e sentite chi lo diceva!]. Ma per quanto riguarda il ruolo risorgimentale demagogico e decadentista si è detto una volta scorsa a proposito dell’inno di Mameli e dell’in­tera generazione italiota di quell’epoca, a cui si rimanda. Una sola curiosità piuttosto si può aggiungere, a proposito della <leggera> morte di Ciampi: il raffronto con la <leggerezza-della-piuma> fu fatto proprio dai cinesi, sia antichissimi sia moderni, ma fu anche ripreso nel xix sec. dall’autore originale,Victor Hugo, del dramma storico “Il re si diverte”, Triboulet [= Rigoletto, che Verdi invece, con profonda … ironia voleva intitolare “La maledizione”]: “Souvent femme varie, bien fol est qui s’y fie! Une femme souvent n’est qu’une plume au vent!”. E siccome di Ciampi si era parlato abbastanza, si può concludere svariando che, rispetto al maoismo, nella circostanza italiana presente ci si è parato di fonte un fenomeno nuovo: non <la morte di chi serve i fascisti, di chi serve gli sfruttatori e gli oppressori>, ma quella di un uomo, al contrario, dichiaratosi sempre strenuo difensore – tardo risorgimentale putrescente <prefascista> (a prescindere da insondabili mor­morii sulla massoneria) – dell’<anti-fascismo> praticante che, faceva sapere lui, era <negli-interessi-del-popolo>. Ora si può vedere in quale maniera qui [sulla Contraddizione, rivista e blog ] sia stato abbondantemente argomentato che tanto quello ritenuto <anti-fascismo> quanto la difesa degli <interessi del popolo> erano panzane e imbrogli di prima qualità. In effetti si mise lì in luce come <taroccata novità> un sedicente anti-fascismo “democratico” camuffato da un <colpo di stato tecnico e pulito>, gestito alla presidenza del consiglio appunto da Ciampi (più Oscar Luigi Scalfaro alla presidenza della repubblica) per srotolare il <tappeto nero> per l’imminente avvento della <discesa in campo politico> di Silvio Berlusconi, nell’evocazione mitica del 1992-93 così cara a Ciampi stesso fino alla sua morte — ma è stato precisamente questo il disdicevole camuffamento del nuovo fascismo nelle spoglie di un ineffabile anti-fascismo, lasciando poi che Berlusconi “adottasse Renzi”: un capolavoro di ambiguità, se così si voglia dire, per dissimulare l’<ottusità> dell’<acutezza>, con il fascismo\anti-fascista e gli interessi del grande capitale finanziario con quelli delle popolazioni. Per queste ragioni tornano a proposito i detti cinesi cui si è fatto riferimento: un compagno che muore pesa più di una montagna, mentre la morte di Ciampi è <più leggera di una piuma>. E leggera come una piuma ci ha lasciato sbandierare al vento, al canto di un inno – non ufficiale ma tanto benvoluto dai nazional\fascisti – un rispolverato vessillo riesumato da sotto le macerie di uno stato ridotto a brandelli (…)

<la parte rimanente del testo è liberamente scaricabile e leggibile all’indirizzo http://www.contraddizione.it/Contraddizioneonline.htm>

IL NUOVO DISPOTISMO DEL CAPITALE

9 Nov

la trasformazione del capitale transnazionale post crisi 2008

di Francesco Schettino

9 novembre 2016: una data che difficilmente sarà dimenticata negli anni che verranno. altan-baratro2Media europei e giornali di tutto il mondo oggi osservano con un malcelato sgomento l’elezione di Donald Trump alla presidenza dello stato capitalista considerato come il più potente al mondo, gli Usa. L’alternativa di Hillary Clinton evidentemente, nonostante la palese collocazione all’estrema destra del neopresidente – appoggio del Kkk, libri con i discorsi di Hitler sul comodino, come ebbe a dire l’ex moglie – non è stata sufficiente. Considerata genericamente – e su questo ci riproporremo più avanti di proporre un approfondimento – come la candidata dell’establishment, nonostante l’en­dorsment ricevuto da tutti i settori della cultura a stelle-e-strisce (e non solo) la sua sconfitta è sonora e netta, nonostante persino le previsioni, sempre più inattendibili, la davano per vincente addirittura al 90%.

Fiumi di inchiostro e di parole sicuramente anticiperanno l’uscita di questa breve nota che, in forma preliminare, tenterà di fornire un abbozzo di analisi di quali possano essere le ragioni e le prospettive più immediata da una prospettiva di classe. Per questo, e per tanti altri motivi, è opportuno non farsi ammaliare a vacue analisi sociologiche avulse da un contesto più ampio ma altresì tener conto condizioni materiali sia dell’enorme massa che ha eletto Trump e sia dello stato di salute del capitale a base dollaro e di quello internazionale più in generale. Limitare il fenomeno Trump a una scelta democratica in opposizione ad Hillary è evidentemente un modo borghese e limitato di tentare di indagare su una questione che è di portata nettamente più ampia.

Già dalla fine dell’anno 2008, ossia dalle settimane che seguirono il crollo di Lehman Bros., e dunque dai momenti appena successivi alla violenta emersione dell’ultima crisi, in palese controtendenza con l’ottimismo di tanti settori della sinistra di classe, evidenziammo che la concomitanza della crisi più violenta del modo di produzione del capitale e l’assenza di una classe subordinata “per sé”, ossia cosciente del suo ruolo storico, avrebbe potuto generare tendenze del tutto opposte a quelle auspicate. Non a caso, parlammo più volte della necessità di ragionare su un programma minimo in una fase non rivoluzionaria (in questa ottica va letta la pubblicazione dell’omonimo testo di Gamba e Pala a cura del collettivo della Contraddizione, La Città del sole, Napoli, 2015); il nostro obiettivo consisteva, in sintesi, nell’individuare un percorso che, tenendo conto della fase fortemente sfavorevole, riuscisse a raccogliere alcuni punti attorno a cui permettere una accumulazione delle forze residue. Probabilmente ammaliati da praticonerie immediate o da volontarismo massimalista, il nostro appello è stato ampiamente ignorato dalla maggioranza di coloro che sostengono di lavorare per un superamento del modo di produzione attuale, spendendo forse troppo poco tempo per comprenderlo analiticamente e rimanendone, così, spesso involontariamente fagocitati nei suoi oliati meccanismi.

Nel frattempo, privo di ostacoli insormontabili, il capitale mondiale non ha incontrato molte difficoltà esterne alla propria classe per individuare un nuovo assetto che possa garantirne la sopravvivenza stessa. Il fenomeno più pericoloso, ossia quello della progressiva rarefazione della classe media e la sua nuova collocazione negli originari ranghi del proletariato è stato abilmente gestito in ogni parte del mondo dalla classe proprietaria. E come ci ha già insegnato la storia, lo “spodestamento” dell’aristocrazia operaia di certo non si traduce immediatamente in un fenomeni rivoluzionari ma, al contrario, potenzia – se lasciato a sé – fenomeni spaventosi di reazione: i casi del fascismo e del nazismo, con i dovuti distinguo, da questo punto di vista rappresentano casi esemplari. In altri termini, lo svelamento della legge generale dell’accumulazione che, specie in fasi di crisi, genera ancor più evidentemente “accumulazione di miseria insieme a accumulazione di capitale” (ciò che correntemente viene definita come “polarizzazione”) detiene un potenziale straordinario di destabilizzazione. La sparizione, progressiva, della classe media – vero architrave ideologico, e non solo, del capitalismo moderno – avrebbe potuto mostrare la vera natura del modo di produzione attuale: tuttavia, attraverso l’abile utilizzo delle armi più affilate da parte degli organi sovrastrutturali – tra cui quelle del razzismo, terrorismo, immigrati ecc. sono solo le più evidenti – il problema è stato, almeno al momento, parzialmente attenuato. L’esasperazione della concorrenza tra chi lavora, garantita da un esercito industriale di riserva (ossia i disoccupati) in esponenziale aumento, ha dunque frammentato ulteriormente la classe lavoratrice in innumerevoli rivoli.

L’emersione del dispotismo fascista – che dai media viene edulcorato ideologicamente da un termine non adeguato come “populismo” – perfettamente incarnato da Trump, Le Pen, Farage, (collega dei 5* in parlamento europeo), NPD nonché da Erdogan, Orban, Duda e, per alcuni versi, da Putin, ha raggiunto, con la recente elezione del presidente Usa, quel grado di pervasione mondiale da far pensare che dalla quantità si è passati alla qualità.

Il sistema di capitale, a causa della crisi di accumulazione perdurante, ha necessità di gestire in maniera autoritaria il processo complessivo di produzione e circolazione delle merci. Le colonne della parvenza liberale della democrazia borghese, per questo, stanno venendo giù una alla volta giacché il controllo della classe potenzialmente rivoluzionaria deve essere mantenuto molto più alto di prima (vedi anche le cosiddette riforme costituzionali europee auspicate da JP Morgan), così come la produzione di valore e plusvalore non deve trovare intoppi e soddisfare così la voracità dei proprietari del capitale (vedi anche le cosiddette riforme del lavoro). Tuttavia, come ogni processo interno a un modo di produzione, ciò procede generando continue contraddizioni: queste si verificano innanzitutto all’interno della classe dominante giacché la forma autoritaria è sicuramente più esclusiva di quella normalmente garantita da una democrazia borghese nelle forme conosciute nella seconda metà del secolo passato. In altri termini, almeno in teoria, la vittoria elettorale dell’uno o dell’altro candidato garantisce un accantonamento più secco, rispetto al passato, della fazione che soccombe. Per rimanere sul terreno della battaglia elettorale appena conclusa negli Usa, Trump e Clinton erano rappresentanti di fazioni del capitale per alcuni versi opposte, per altre molto prossime. Queste contraddizioni tra “fratelli nemici” si sono risolte nella vittoria da parte di quella fazione del capitale che predilige maggiore protezione del mercato locale rispetto all’internazionalismo del capitale più spinto di cui si faceva interprete Hillary – ed una contemporanea retrocessione da parte della classe lavoratrice (che in parte ha sostenuto il newyorchese).

Le prospettive, dunque, sono di difficile interpretazione: i mercati finanziari hanno ovviamente reagito in maniera fortemente negativa all’elezione del “cigno nero” giacché, essendo per certi versi apparentemente meno gestibile, potrebbe generare quell’instabilità mondiale di cui il capitale, in questo momento ha tutt’altro che necessità. Con una economia globale in difficoltà di accumulazione da quasi 10 anni; una bolla speculativa ancor più gonfia e densa di strumenti tossici di quella esplosa nel 2008 e, soprattutto, con la possibilità che gli Usa di Trump possano definitivamente perdere (o almeno scalfire) il ruolo egemone del capitalismo mondiale (a vantaggio forse delle economie asiatiche) – complice anche la perdurante crisi del capitale-dollaro – di certo non tutti dormiranno sonni tranquilli nelle prossime settimane in attesa di capire come e dove gli Stati uniti nei prossimi 4 anni si collocheranno.

Ottava bolgia infernale

12 Ott

di Gianfranco Pala

inferno-cessoanime

Ottavo cerchio dell’inferno dantesco in fondo a destra, questo è il cammino, e poi dritto fino al mattino. Poi la strada non la trovi da te, sprofonda all’inferno, che però non c’è.

Solo un <buzzurro> {*} come Salvini che nella sua ignoranza non sa nemmeno l’italiano, giacché “traditore” è chi consegna libri e pensieri ai loro avversarî e il fellone che ha commesso tradimento nei confronti della patria; della causa,o dei compari di una lotta merita una dura punizione, fino alla morte, o per dirla con la severità di Dante “se le mie parole esser dien seme, che frutti infamia al traditor ch’i’ rodo”. Ma i libri o i pensieri di Carlo Azeglio Ciampi per chi e di chi erano? Certamente non per proletari e comunisti, ma per banchieri e capitalisti internazionali, cui semmai gli italiani si fossero omologati. E parimenti ciò è vero altresì per il silente <convitato-di-pietra> Giorgio Napolitano, che qui non dovrebbe entrare direttamente in gioco (ma che, come si dirà, <tomo tomo, cacchio cacchio> si è dedicato e plasmato sugli stessi padroni e opposto ai medesimi nemici). Quindi è palese l’ipocrisia del legaiolo – con il suo <cesso di anima>, per dirla come il diavolo di Altàn – di manifestare “preghiera e cordoglio” per la non prematura morte di Ciampi; lo storico e politico analfabetismo del disumano guitto <ruspista> lombardo ne delinea le magnifiche sorti, e regressive. Ossia definire Ciampi “uno dei traditori dell’Italia e degli italiani, come Napolitano, Prodi e Monti” non sono “parole choc, a caldo”, di Matteo Salvini sulla morte del presidente emerito della repubblica, il quale a dire del legaiolo “si porta sulla coscienza il disastro di 50 milioni di italiani, e come per Napolitano è uno da processare come traditore”. E neppure sono “parole miserevoli” come esclamano le anime-beninten­zionate del Pd, anche dell’asinistra di coloro-che-lastricano-le-vie-dell’inferno. Poiché costoro fingono di non sapere mentre Salvini – è chiaro – non sa proprio chi siano realmente, da decenni, né Ciampi né Napolitano e via con coloro che sempre <osservano-gli-ordini-supe­riori>. {* per spiegare alcuni termini, per chi non lo sapesse, non è male apprendere che buzzurro viene dal tedesco antico Butzen (moderno Putzer), in linguaggio popolare riferito agli immigrati che decisero di fermarsi tra l’Esquilino e la zona ex Macao del rione Castro pretorio, come ancora oggi; allora erano circa il 10% della popolazione romana dell’epoca. Vennero perciò chiamati spazzacamini; caldarrostari, ambulanti castagnari, montanari alpini semianalfabeti che nella stagione autunnale delle castagne scendono in pianura, per venderle fresche o arrostite (per cui preliminarmente pulivano le canne fumarie) e pulitori in genere; in Italia centrale equivale, estensivamente in senso figurato, a termini dialettali quali <ciafrujoni>, confusionari, casinisti, pasticcioni, ingarbugliatori, che confondono le idee; a parti invertite, è il corrispettivo dell’epiteto terroni che i <nordici> affibbiano con violenza verbale analoga all’uso di <buzzurro>, ma provocatore di doppiosenso rivolto ai <sudici> [non si dimentichi che <tombini-di-ghisa> uscendo coperto di merda dalle fogne, nel 2009 a Pontida; cantò stonando “senti che puzza, scappano anche i cani, sono arrivati i napoletani”; e adesso, per catturare un pugno di voti … <sudici>, dopo la felpa per <lampedusa> si è fatto sùbito stampare un’altra felpa con su scritto <amatrice>!!], La parola <terroni> (e varianti dialettali) proviene dallo spagnolo terrones (zolle di terra, zappate dai <contadini>), che in un più remoto passato in Toscana non era riferita ai <lavoratori agricoli> servi della gleba, ma invece riguardava originariamente una disputa tutta interna alla classe padronale tra i <proprietari terrieri>, <latifondisti>, che con la terra avevano solo un <rapporto di proprietà> non avendola mai lavorata, zappata, e i <bottegai> che si ritevano dominati e vessati da quegli altri, proprietari privati della natura.

(…)

[l’articolo completo è disponibile all’indirizzo http://www.contraddizione.it/Contraddizioneonline.htm ]

Modulo di Storia – Unigramsci

10 Ott

non mancate!!!

controstoria

Inaugurazione a.a. Unigramsci 2016/2017

12 Set

Non mancate!

inaugurazione

CAPITALE IN AFFANNO E “LAVORO AGILE”

7 Set

Ultimo, in ordine di tempo, ritrovato per l’aumento dello sfruttamento lavorativo

di Carla Filosa

Come terza volta in cui proviamo ad affrontare il cosiddetto “smart work” – le prime due pubblicate su “La Città futura” e poi sul blog di “Contraddizione” con i titoli ‘La “nuova svolta” lavorativa’ e ‘“Smart working”: sfruttamento illimitato alla costrizione al lavoro’ – si tenterà ora di mettere a fuoco le origini storiche più lontane, nonché vicine, per cogliere appieno il senso e la funzione attuale di questa parvente riorganizzazione del lavoro. Più che nuova organizzazione, si deve intendere, nell’uso ideologico di “agile”, una pedissequa continuità e perfezionamento degli obiettivi che da sempre il sistema di capitale ha perseguito, ultimamente attraverso le ristrutturazioni – quelle sì – del taylorismo prima, del toyotismo o onhismo poi,  confluite solo attualmente in questa  dicitura anglofona non a caso senza paternità teoriche definite. Emergono nella trovata “agilità” solo consulenti e apprendisti realizzatori, o controllori di un prêt à porter dell’ultima ora, autolegittimantisi con  innovazioni informatiche, peraltro aspecifiche per il modo di produzione capitalistico tuttora in vigore.

In questi lunghi anni di crisi del sistema la disoccupazione a livello mondiale è aumentata a un ritmo crescente rispetto alla rivoluzione tecnologica continuamente in atto, limitandone in parte la piena estensione nei settori produttivi e improduttivi di tutti i paesi. La disomogeneità produttiva e di accumulo di capitali fra gli stati, ha fatto emergere con ancora maggiore evidenza la gerarchia mondiale di paesi dominanti, in cui si è fatta concentrare ricerca scientifica e innovazione tecnologica connessa a ristrutturazione lavorativa, da esportare nei paesi più deboli o di più recente sviluppo nel mercato internazionale per lo più unificato. L’innovazione informatica di cui si fa largo uso nello “smart”, poi, ha riguardato prevalentemente i settori di servizio, o improduttivi, funzionali allo sviluppo organizzativo o commerciale del sistema così ampliato. L’aumento attuale, quantitativo più che qualitativo delle macchine inserite nei settori produttivi, relativamente recessivi in modo differenziato per la saturazione dei mercati, attende – se e quando possibile – ben altre innovazioni robotiche di cui la Cina, in particolare, secondo un’informazione corrente per noi  inverificabile, sembra essere punta di diamante in termini concorrenziali.

[l’intero articolo è disponibile liberamente sul sito della rivista]

Unigramsci 2016-2017

1 Set

A partire dal 14 Settembre 2016, presso la sede Arci, via Goito 35/b, Roma (nei pressi della stazione Termini) inizieranno in nuovi corsi per l’anno accademico 2016/2017 dell’Università popolare Antonio Gramsci.

Si terranno ogni mercoledì dalle 18.30 alle 20.30 e inizieremo con la prima parte del corso di filosofia marxista dal titolo:

Marxismo e Materialismo
Il concetto marxiano di praxis nelle Tesi su Feuerbach

a cura del prof. Felice Renda

 

Di seguito è possibile scaricare l’intero manifesto degli studi 2016/2017

>>>>>>>>>>>Manifesto_unigramsci<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<

manifesto1617

La lotta teorica è prassi

20 Lug

brevi riflessioni sul ruolo della teoria rivoluzionaria

di Francesco Schettino

 “Solo un partito guidato da una teoria di avanguardia può adempiere la funzione di combattente di avanguardia”. (V.I.Lenin, Che fare? 1902)

 Lotta teorica e socialismo scientifico

Nella storia del pensiero marxista – o più in generale all’interno dei movimenti o partiti ispiratisi almeno vagamente all’idea del comunismo (o del socialismo) nell’ultimo secolo – il rapporto tra teoria e prassi rivoluzionaria ha senza dubbio ottenuto un posto di primaria importanza nel dibattito che negli anni si è svolto, per quanto spesso con esiti abbastanza avvilenti. In questo breve articolo non si vuole proporre una rassegna di quelli che sono stati gli ultimi, tra l’altro spesso poco incisivi, sviluppi della questione: al contrario, prendendo a riferimento l’esempio cubano, oltre che quello dei paesi a capitalismo avanzato, si tenterà di proporre un contributo che possa consentire una riflessione su questioni che, oramai, sono solo di rado tenute in adeguata considerazione.

Punto di partenza per affrontare una discussione di questo genere, evitando di scivolare su posizioni che in fin dei conti hanno dimostrato tutta la loro velleità e sterilità, è la considerazione, fin troppo distorta o aggirata, di Lenin che, nel Che fare? giustamente sosteneva che “senza teoria rivoluzionaria non vi può essere movimento rivoluzionario”. Questa, che tutto è fuorché una “semplice” locuzione affabulatrice, è esattamente il frutto della riflessione filosofica del rivoluzionario russo che coerentemente con Marx e Engels, e pertanto con la dialettica hegeliana, attualizzata dallo stesso Moro di Treviri, individuava l’identità dialettica tra teoria e prassi, ossia tra pensiero astratto e sua concretizzazione materiale.

{la versione integrale dell’articolo è disponibile all’indirizzo: http://www.contraddizione.it/Contraddizioneonline.htm}